Amo el arte, pero en mi iglesia solo sirven los “ministerios tradicionales”

Lo que se me daba bien, no se veía desde el púlpito

Desde niño me gustó dibujar en los márgenes del folleto de la iglesia. Mientras otros niños se ofrecían a leer la Biblia o cantar un especial musical, yo soñaba con diseñar las portadas. En mi mente, Dios tenía buen ojo para los detalles, para los colores. Pero en mi iglesia, los dones que se aplaudían eran otros. Predicar, dirigir, tocar un instrumento. Los “ministerios de verdad”.

Cada vez que el pastor decía “¿quién quiere adorar a Dios?”, me daban ganas de levantar la mano. Pero no sabía cómo explicar que lo mío no era pararme al frente, sino contar historias en imágenes. Así que me callaba. Guardaba mis ideas y trataba de encajar sin hacer mucho ruido.

El arte quedó como un hobby, y mi fe también

Cuando entré a la universidad, empecé a estudiar diseño. Me metí de lleno en proyectos creativos donde por fin sentía que lo que sabía hacer tenía valor. Mis ideas se convertían en campañas, afiches, imágenes que comunicaban cosas reales. Pero al regresar a la iglesia, ese lado mío volvía a ser invisible.

Una vez propuse rediseñar los materiales del ministerio juvenil, darles una identidad visual, algo más coherente. Me respondieron: “Gracias, pero eso no es urgente”. Otra vez ofrecí hacer una serie visual sobre el evangelio, algo diferente. Me dijeron que lo importante era repartir literatura. Sin ofender, pero me sonó a “deja de molestar”.

Yo no estaba buscando protagonismo. Solo quería aportar desde lo que sabía hacer. Pero ya estaba empezando a creer que mis talentos no servían para servir a Dios.

¿Qué hago si mi llamado no tiene micrófono?

Hubo un sábado que no olvido. Un pastor dijo al pasar: “Dios no necesita diseñadores, necesita obreros”. Me reí por fuera, pero por dentro fue como un golpe. ¿Y yo entonces qué soy?

Ese día me encerré en el baño un rato. No lloré, no soy de esos. Pero sí me pregunté en serio si había espacio para mí en la iglesia. Porque si Dios me dio esto, ¿por qué su iglesia no sabe qué hacer con eso?

Me acordé de algo que leí hace tiempo: Jesús hablaba en parábolas. Usaba imágenes, símbolos, metáforas. No leía Literatura, no hacía campañas gráficas… pero sabía llegarle a la gente. Me aferré a eso. Pensé: tal vez no estoy tan fuera de lugar.

Decidí dejar de esperar permiso

Unos días después diseñé unas postales con frases breves, simples, con mensaje. No decían “Cristo te ama” en mayúsculas ni usaban fotos de palomas. Solo arte y palabras que conectaban. Las dejé en el club universitario, como quien no quiere la cosa. A la semana no quedaba ninguna. Un man me escribió por redes: “No sé quién hizo esto, pero me ayudó en un día maluco”.

No lo compartí en grupo. No lo subí a Instagram. Pero sentí que algo había hecho clic. Que estaba sirviendo con lo que soy, no con lo que esperan de mí. Y eso, la verdad, fue más que suficiente.

Cada uno ponga al servicio de los demás el don que haya recibido”

1 Pedro 4:10

No dice “siempre y cuando sea un ministerio oficial”. Dice don. Y yo tengo uno, aunque no tenga nombre en el directorio.

El arte también sirve, aunque no salga en el programa

Todavía hay reuniones donde me siento fuera de lugar. Todavía hay gente que cree que los diseños “se hacen solos”. Pero ya no me afecta tanto. Porque entendí que servir no siempre es pasar al frente. A veces es hacer algo que nadie nota, pero alguien necesita.

Sigo creando. Sigo creyendo. Aunque no tenga título de líder ni salga en las fotos del evento, sé que mi don está al servicio de algo más grande. Y con eso basta.

¿Y tú?

¿Alguna vez sentiste que lo que sabés hacer no cabe en la iglesia?
¿Cómo encontraste formas de servir desde lo tuyo, aunque no fuera lo “normal”?
¿Qué te gustaría aportar, si te dejaran hacerlo a tu manera?

Te leo en los comentarios.

🤍

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Lee los comentarios (4)
  1. Samuel Torres

    ¿Y si el problema no es la iglesia, sino cómo la entendemos? Tal vez deberíamos dejar de encasillar lo que significa “adorar”. Crear también es adorar. Programar, ilustrar, escribir, editar audio… todo eso puede ser espiritual si lo haces con intención.

    1. Crear también es adorar. Esa frase dice más que muchos sermones.
      Tal vez no se trata de cambiar la iglesia, sino de ir mostrando, con amor y paciencia, que hay muchas formas de adorar… incluso si no se parecen a lo que algunos están acostumbrados.

  2. Me sentí TAN identificada. En mi iglesia solo me pedían que cantara, pero lo mío siempre fue la fotografía. Un día llevé mi cámara a un retiro y empecé a capturar momentos. Nadie me lo pidió, pero después todos me dieron las gracias por las fotos. A veces uno tiene que crear su propio espacio para servir.

    1. MarianaG, gracias por compartir esto.
      Nos conmovió leerte, porque muchas veces lo que no entra en los “ministerios oficiales” se convierte en una oportunidad para crear desde el corazón. Qué bonito que te animaste a usar tu cámara, incluso sin que te lo pidieran. A veces, eso es lo más valiente.

      Creemos que cada don, cuando se entrega con amor, encuentra su espacio.

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