Ser cristiana en la U: ni fórmula, ni fachada
No crecí sabiendo cómo hablar de Dios en la universidad. Lo fui aprendiendo con torpeza, entre silencios incómodos y respuestas que no supe dar. En más de una clase dudé si debía decir que era cristiana o simplemente quedarme callada. Entrar a la UdeA fue como abrir una puerta gigante: llena de ideas nuevas, preguntas que nunca había escuchado y personas que creen distinto… o que no creen en nada. Y yo ahí, con mi fe, tratando de no esconderla pero tampoco de imponerla. No quería ser “la rara”, pero tampoco quería dejar de ser quien soy.
El espacio junto al museo
Un sábado cualquiera encontré un grupo de jóvenes que se reunía junto al museo. Nada de vitrales, púlpitos o discursos acartonados. Solo sillas blancas, coros alegres, estudio bíblico y muchas ganas de hablar de Dios sin filtros. Me sentí en casa. Ese espacio me dio aire cuando más lo necesitaba. Me mostró que creer no siempre tiene que ser solemne, pero sí puede ser profundamente sincero. Aunque claro, no todo fue tan fácil.
El miedo a ser vista
No siempre era cómodo estar ahí. Sentada con la Biblia abierta mientras otros pasaban por delante con audífonos, cigarrillos o miradas que no sabía cómo leer. Me daba vergüenza. No por lo que creía, sino por lo que pudieran pensar los demás. Sentía que estaba exponiéndome demasiado. Como si adorar en público fuera una osadía. Así que empecé a faltar. Decía que me estaba reuniendo en otra iglesia, que tenía cosas pendientes, que se me había hecho tarde. Pero en realidad no quería que me vieran ahí. No quería ser “la que canta en el museo”.
Cuando entendí cómo enseñaba Jesús
Un día, en medio de esa distancia que yo misma había puesto, volví a leer los evangelios. Me sorprendió recordar cómo enseñaba Jesús. Él no se encerraba en un templo, no usaba un lenguaje complicado. Hablaba con historias. Contaba parábolas. Se sentaba con la gente. Les hablaba en medio de su cotidianidad, con ejemplos que podían entender. No predicaba para impresionar, sino para acompañar. Y ahí fue cuando todo hizo clic.
Jesús no tuvo vergüenza de contar lo que importaba. ¿Por qué tendría que tenerla yo?
Entendí que mi fe no tenía que ser perfecta ni espectacular. Tenía que ser real.
Volver al museo, y quedarme
Fue entonces cuando decidí volver al museo. No para demostrar nada, sino para recordarme a mí misma en quién creo. Volví los viernes en la noche para recibir el sábado. Volví los sábados, aunque algunas semanas no supiera qué decir. Volví sin máscaras. Y cada vez que llegaba, me sentía menos sola y menos culpable.
Porque la fe, si es verdadera, se nota. En lo que decimos. En cómo tratamos a los demás. En lo que buscamos cuando todo lo demás se tambalea. Aprendí que no hace falta tenerlo todo claro para seguir creyendo. Y que ser cristiano en la universidad no es algo que se grita, pero tampoco algo que se oculta.
Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo.”
Mateo 18:20
Contar también es una forma de quedarse
Soy adventista. Y aunque al principio me daba pena que me vieran sentada al lado del museo, hoy lo digo con orgullo: me reúno ahí. En ese espacio sin paredes, donde aprendí que creer también puede doler, pero que duele más si te lo guardas. Ese espacio no solo me ayudó a quedarme. Me motivó a hablar.
Estudio comunicación, pero he aprendido más escuchando historias que en cualquier clase. Porque en la U no solo se estudia: también se cae, se duda, se intenta. Y uno no siempre encuentra respuestas, pero a veces encuentra compañía. Por eso empecé este blog. Para compartir lo que muchas veces no se dice en voz alta, pero muchos estamos viviendo.
No vengo a dar respuestas. Solo historias. Algunas son mías. Otras me las han confiado personas que, como tu y como yo, están buscando cómo creer sin dejar de ser ellos mismos. Historias sobre guardar el sábado, sobre sentirse lejos, sobre tomar decisiones difíciles, o simplemente sobre volver a Dios cuando ya no sabes por dónde empezar.
¿Y tú?
¿También sientes que tu fe ha cambiado desde que entraste a la U? ¿Te cuesta encontrar espacios donde hablar de Dios sin miedo ni juicio?
Este espacio es para eso. Te leo en los comentarios.
Y si esta historia te tocó, te invito a seguir aquí. Este es apenas el primer post de Soy Cristiano en la U, pero vienen muchas más historias, preguntas y reflexiones que nacen del campus y del corazón. También puedes escuchar el podcast, donde comparto cada historia con voz y alma. Acompáñanos, y descubramos juntos que creer —aunque a veces duela— todavía tiene sentido.
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