Te tengo un chisme de una marcha en la U

No salgan por la entrada de Barranquilla

Así empezaba el mensaje en los grupos de Whatsapp y Facebook. No era la primera vez que pasaba, pero cada vez que alguien avisaba que había tropel, el ambiente cambiaba. Gente corriendo, puertas cerradas, profes cancelando clase, estudiantes saliendo rápido a coger el metro antes de que se alborotara todo. Yo estaba en el bloque 11, y desde allá ya se oían las voces. Gritos, tambores, arengas. Algunos decían que eran los capuchos, otros que era solo una protesta estudiantil. No siempre se sabe. Pero lo que sí se sabía era que, ese día, la universidad se transformaba.

Había capuchos. Y también un versículo

No fui hacia el ruido. Me quedé en la cafetería, con varios más que mirábamos desde lejos. La curiosidad pudo más que el miedo, así que salí un momento. Entre banderas, pancartas y carteles escritos con marcador grueso, vi algo que no me esperaba: una cartulina con un mensaje escrito a mano que decía, en letras grandes: “Bienaventurados los que trabajan por la paz” – Mateo 5:9. Pensé que lo iban a romper. Que alguien lo iba a arrancar. Pero no. Nadie dijo nada. Nadie se burló. Nadie lo empujó. Al contrario, parecía como si ese mensaje también tuviera derecho a marchar.

Lo miré. Lo miraron. Lo respetaron

Fue un segundo raro. Como cuando se congela una escena. Algunos capuchos pasaron al lado y lo ignoraron. Otros lo leyeron rápido y siguieron gritando. Uno se quedó mirándolo, pero no hizo nada. Y yo ahí, sin saber si sonreír o llorar. No por miedo, sino por esa extraña sensación de que algo tan sencillo como un versículo en medio del caos podía quedarse quieto. Sin necesidad de pelea. Sin aplausos. Solo… ahí. Como si la fe también pudiera caminar entre arengas sin perder el rumbo.

La fe también marcha

No con piedras. No con papas bombas. No con odio. Sino con mensajes que resisten. Con carteles que no insultan, pero tampoco se esconden. Con presencia. Ese cartel no gritaba, pero decía todo. Me acordé de Jesús en medio del tumulto, no escapando de la gente, sino caminando entre ella. Acompañando. No para imponer, sino para mostrar otra forma de estar.

Bienaventurados los que trabajan por la paz”

Mateo 5:9

No sé quién sostenía ese cartel. No lo reconocía de mi grupo. No sé si era cristiano. Pero sé que ese día, la fe también protestó. Sin nombre. Sin iglesia. Solo con una frase escrita con marcador, resistiendo con dignidad

Porque sí, creer también es salir

A veces pensamos que la fe solo se expresa en templos, en sillas blancas, en cánticos alegres. Pero también se expresa ahí, en medio del ruido. En una universidad tomada. En un cartel que no se calla, pero tampoco agrede. Ese día me di cuenta de que no siempre hay que esconderse cuando las cosas se agitan. A veces solo hay que estar. Con firmeza. Con amor. Con fe. En voz baja, pero clara.

¿Y tú?

¿Alguna vez sentiste que tu fe no encajaba en los espacios de protesta o cambio social?
¿Te ha pasado que un versículo, una frase o una acción pequeña habló más que cualquier sermón?
¿Creés que ser cristiano también es tomar postura desde la paz?

Te leo en los comentarios

🤍

Lo que te perdiste

Amo el arte, pero en mi iglesia solo sirven los “ministerios tradicionales”

Cuéntanos qué piensas

¿Te animas a compartir tu historia?

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *